Alfonso Castrillón Vizcarra

Buscando el signo periodo

Mónica Luza ha trabajado indistintamente con soportes tradicionales, como con los más modernos. Aunque todavía se siente ligada entrañablemente al pigmento y al pincel, ha buscado otros géneros, como las instalaciones, para expresarse. En Berlín, con ocasión de la celebración de los 500 años, presentó "Años de la (el) cólera", proyecto que mereció la atención de la crítica berlinesa y aquí en Lima, en 1998, dio a conocer "Accessoires", propuesta bastante original, que desconcertó a más de un espectador. Pero Luza se siente deslumbrada por el mundo prehispánico, quizá porque ha pasado muchos años fuera y el alejamiento ha incrementado el recuerdo y la curiosidad por lo nuestro. Primero fue un acercamiento al paisaje, al desierto costeño, como pudimos ver en el tríptico "Cerro Colorado" (1997). Luego figuras más concretas, como los pallares pintados de la cultura Moche, que aparecen en dos grandes cuadros de 1998, como una investigación visual, más que arqueológica.

Como es sabido, en el Perú se han hecho varios estudios sobre el significado de los pallares pintados, interesantes por cierto, pero sólo hipótesis planteadas sin ninguna certeza, de manera que siguen siendo signos mudos para nosotros. Es curioso cómo Luza ha trabajado estos signos, en extremo esquematizados, casi minimalistas, para significar varias cosas: una primera es la asociación que realizarnos (los peruanos) con los colores de tradición prehispánica. Segundo, el carácter críptico del pallar (sobre el cual no sabemos nada) que le agrega un halo de misterio. Tercero, la alusión a un método de contabilidad o ábaco, se deduce de la manera como están expuestos los pallares, unos reunidos, otros ocupando un soporte individual. Pero también se pueden interpretar como fichas de un juego; la jugada misteriosa que sólo Luza conoce. Cuarto, ante el misterio sin resolver, queda sin embargo, la posibilidad de una identificación incondicional con el signo, por razones culturales, que nos habla de lo peruano y de una milenaria tradición.

Así pues, Luza, con sutiles alusiones al mundo prehispánico, nos estaría diciendo acerca de la imposibilidad de descifrar esos signos, y por lo tanto, la negativa de comprender la cultura que está detrás de ellos. La propuesta se refiere, a lo atractivo del misterio, a la seducción de lo críptico, a la admiración por una cultura deslumbrante, pero que no entendemos. Una cultura que se queda en las vitrinas de los museos, consagrada en los libros de historia, pero que tiene poco que ver con el presente. Los pallares pintados seguirán siendo potencialmente significativos, guardan un secreto, pero no tenemos la llave para entrar en el mundo de su significación, por lo tanto nos quedaremos siempre fuera. De esa extrañeza, de esa "otredad" nos habla la propuesta de Luza.

Alfonzo Castillón Vizcarra
Art Critic

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