Michael Nungesser

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Blinky Palermo en los Andes

La exposición de Mónica Luza con pinturas y objetos lleva un título poco común: “Blinky Palermo en los Andes“. Poco común también porque estoy dirigiendo mis palabras de introducción a eso y no a la artista que expone ahora. Detrás del apellido llamativo y fácil de recordar se esconde un artista alemán, no tan desconocido, más bien apreciado entre los círculos conocedores. Y, como de suponer, Blinky Palermo no es su verdadero nombre sino un pseudónimo. Nació como Peter Schwarze 1943 en Leipzig, Alemania. Pero será más complicado todavía porque poco después de su nacimiento fue adoptado junto con su hermano gemelo llamándose desde entonces Peter Heisterkamp. Estudio en la Escuela de Arte de Münster, después en la Escuela de Bellas Artes de Düsseldorf con el profesor Bruno Goller, un pintor.

Cuando Peter Heisterkamp cambió de taller por el de Joseph Beuys, se transformó en Blinky Palermo; se prestó este nombre exótico de un mafioso y empresario norteamericano que organizaba peleas de boxeo, dijeron que tenían apariencias similares. Siendo amigo y colega de famosos pintores como Gerhard Richter, Sigmar Polke e Imi Knoebel, Blinky Palermo, estudiante de Beuys, al final se convirtió en figura mítica del arte moderno de posguerra. Ascendiendo rápido como parte de la vanguardia, participando en la documenta de Kassel, las bienales de Venecia y Sao Pablo, y viviendo algunos años en Nueva York, murió prematuro y abruptamente. El alcohol y las drogas le habían debilitado; murió con solamente 33 años. Las causas nunca han sido esclarecidas plenamente. Probablemente a causa de un infarto cardíaco durante un viaje de vacaciones en la isla Kurumba de las Maldivas en 1977.

La obra de Palermo, que consiste en unos 600 trabajos, es difícil de catalogar. “Pintura para mí es la traducción de la realidad visual y material en normas estéticas,” era su principio. Suprematismo, Arte Concreto y Minimal Art eran las fuentes de sus obras pictóricas abstractas que se nutrían exclusivamente de colores. Eran superficies de color puro donde los materiales de base, los portadores de color, también participaron como apariencias sensuales . Al principio Palermo pintó discos , círculos, triángulos, elipses en forma de nubes como objetos murales y los organizó como signos en el espacio. Después siguió con pinturas consistiendo de telas cocidas, de calidad corriente y compradas en las tiendas y luego tenidas y puestas usando el lienzo como fondo.; después pinturas y dibujos en paredes; al final pinturas sobre metal que consistían en númerosas capas de pintura de acrílico sobre planchas de aluminio o acero. Sus obras eran radicales, hechas con medios simples una renuncia a la pintura como panel. trabajando con forma y color como las expresiones elementales del arte, separadas de la realidad visible.

Muy probablemente Blinky Palermo nunca ha visto los Andes peruanos. Sin embargo, la pintora peruana Mónica Luza nos hace dudar si eso es cierto. Para mostrar como llegamos a esta afirmación poco común pero hecha con firmeza, quiero contar una pequeña historia. Cuando Mónica Luza, hace un par de años, viajando por el sur del Perú y en búsqueda de algunos lugares prehispánicos en el desierto peruano, estaba caminando por las colinas de arenas. De repente en la distancia vio un rectángulo oscuro misterioso que al acercarse se reveló como pieza de muro de azul oscuro encima de una base blanca, muy parecido a una lápida. Su función, sin embargo, era otra: una referencia a un sitio arqueológico. Mientras un lado de este muro solitario estaba en blanco, el otro lado decía en grandes letras blancas “Instituto Nacional de Cultura” como institución encargada y abajo decía "Zona arqueológica - Ciudad Perdida de Huayurí". Es una referencia a una ciudad desaparecida, de la cual existen pocos restos, representante de una cultura indígena poco investigada.

Este encuentro casual con esta lápida monumental tuvo consecuencias artísticas de largo plazo. Porque la artista peruana Mónica Luza al sentir la presencia del muro encima de su base en la distancia, captó una composición plana abstracta que desencadenó reminiscencias a ciertas expresiones artísticas. Mónica Luza es una artista peruana que no solamente estudió en Lima pero también en Frankfurt y viviendo desde hace muchos años está íntimamente familiarizada con la modernidad europea. Con su documentación fotográfica en la cual se ve el muro no solamente de manera frontal sino también el perfil delgado, se pierde su carácter prosaico de objeto y se convierte en una intervención artístico-conceptual en el paisaje sudamericano. Cuando Moisés Barrios, un artista amigo guatemalteco, al ver sus cuadros, comentó espontáneamente que estos se veían como Blinky Palermo en el desierto, se puso en macha su fantasía de imágenes y nació una serie de trabajos que tenían su punto de partida en esta experiencia inicial.

Su intuición en el desierto la llevó a una serie de cuadros con composiciones de paisajes con signos, pinturas, pinturas de tela y pinturas de tapices. En su homenaje al artista alemán cuyos colores y formas puros traspasan las fronteras entre pintura y objeto integrando también el espacio ella combina continentes y tiempos. Pintura de planos de colores encuentra a tradiciones prehispánicas, expresiones minimalistas cruzan diseños de textil. Con eso Mónica Luza continúa su trabajo que se ubica siempre entre mundos – y “Entre Mundos” se llamó su exposición que realizó el año pasado en Montevideo. Viviendo en Alemania y viajando a menudo a Perú y otros países latinoamericanos sensibiliza la percepción de las diferencias culturales y refuerza el interés en su propia cultura.

En trabajos anteriores por ejemplo en el proyecto “500 años de cólera” Mónica Luza reflexionó sobre la conquista de América Latina por los europeos y sus consecuencias. En la exposición “Pallares” mostró estas legumbres no solamente como alimentos sino sobretodo como medio de comunicación en el Perú de la cultura Moche. La exposición “Cerro Colorado” tenía como tema los rituales funerarios de la cultura Parácas. Sus temas centrales son a menudo las antiguas culturas prehispánicas que todavía no han revelado todos sus secretos. La artista siempre reflexiona si los objetos que son investigados en el ámbito de la arqueología, antropología y etnología también son obras de arte sui generis – mientras que el concepto de arte occidental desde el Renacimiento los considera como meros artefactos artesanales. Recién en los últimos anios artistas contemporáneos toman en cuenta más conscientemente el arte prehispánico de America Latina como fuente de inspiración – al lado del arte africano o oceánico. Sobre todo los ornamentos geométricos con su lenguaje y sus dibujos simbólicos en la arquitectura y los textiles de Sudamérica ya llamaron la atención de Paul Klee. Mas tarde fueron investigados y tomados en cuenta por los emigrantes alemanes Anni y Josef Albers, y recientemente por el artista alemán Helmut Federle. En los Estados Unidos fueron influenciados pintores de planos de colores como Barnett Newman o Adolph Gottlieb, pero sobre todo también artistas de la misma América Latina como Joaquín Torres García y su escuela, y artistas jóvenes como Alejandro Puente y César Paternosto. Recordemos también la corriente artística del “ancestralismo” en los países andinos.

Pero regresemos a Mónica Luza y Blinky Palermo. Aunque Palermo en su obra nunca haga referencia al mundo que nos rodea, si podríamos interpretar sus planes de color casi siempre horizontales que crean asociaciones a paisajes. Esta forma de lectura, que encontramos no pocas veces en la recepción del trabajo de Palermo, es reforzada en buena parte por los cuadros de Mónica Luza. Porque sus campos rectangulares, que hacen alusión a aquellos de Palermo, se encuentran mitad parados mitad flotando en el aire, en espacios que evocan a los paisajes desérticos de Huayuri, Cusco, Ayacucho o Salta. Aunque extremamente reducido y casi abstracto, en suaves tonos telúricos y suaves colinas.

Sin embargo, los colores de los campos rectangulares a menudo son muy fuertes, con el resultado que la figura geométrica contraste con su ambiente natural y esté percibido sobre todo como signo. También como algo que tape la percepción del paisaje. Pero el surgimiento del signo en el paisaje, motivado por una experiencia real, podría significar también una referencia a las antiguas culturas que siempre sobreviven ocultamente y que tienen una estética elemental abstracta.

Kasimir Malewitsch uno de los precursores de Palermo escribió: “Cuando en el anio 1913 yo quería liberar desesperadamente el arte de la carga de lo figurativo, huyendo hacia la forma del cuadrado y mostrando un cuadro que mostraba nada más que un cuadrado negro sobre un campo blanco, la crítica suspiraba y con ella la sociedad: Todo lo que hemos querido se ha perdido, estamos en un desierto. (…) El cuadrado negro sobre el campo blanco era la primera expresión de la sensación abstracta: El cuadrado = la sensación; el campo blanco = el nada fuera de esta sensación.”
Es decir, el arte como sensación pura debería asumir casi un papel sacrosanto.

Cuando Mónica Luza introduce la forma pura del signo en el paisaje, significa que este diálogo entre espacio y superficie también es una referencia a la relación entre realidad y arte. Naturalmente, el arte como forma y color puros reclama su propia vida. Pero los cuadros de Mónica Luza también son cuadros dentro de un cuadro, es decir también el paisaje se ha transformado en cuadro. Y ambos cuadros se influencian mutuamente – es un intercambio de energías. Mónica Luza sin embargo hizo un paso más allá al separar en los dípticos “Paisaje y rojo” y “Ultramarino y paisaje” las expresiones estéticas, antes unidas en un solo cuadro. Ahora la imagen pura, el rectángulo de color, tiene el mismo derecho y el mismo formato al lado de cuadro de paisaje.

Ambos cuadros ahora aparecen en forma casi purificada. El paisaje se reduce a una línea de horizonte, un abajo y arriba, tierra y cielo. Son paisajes que tienen como tema el mundo, códigos para lo incambiable de la naturaleza, que sigue existiendo después de toda la vida civilizada. Los rectángulos de color ya no son tiras mas bien son puro color – rojo o ultramarino. Hay algo más. Tal como Blinky Palermo usó textiles para sus cuadros de tela, también Mónica Luza usa tela de lana para el cuadro rojo y ultramarino. Pero al contrario de Palermo, no las pinta sino usa las telas de color.

Estando las telas templadas encima de un bastidor y así asumiendo la forma tradicional de un cuadro, al mismo tiempo adquieren carácter de un objeto. El elemento del tridimensional no solamente está pronunciado por la estructura del textil sino se da también por la iluminación de loa pared después de haber sido colgado. Los colores rojo y ultramarino no aparecen como superficies planas, sin vida e ilusión, más bien parecen brillar desde adentro desarrollando calidades sensuales y emocionales. El supuesto vacío está lleno de promesas. Que se pueda usar materiales ordinarios para este fin, es un efecto lateral que se aplica con ironía consciente. Porque arte no solamente depende del valor del material, del trabajo invertido o del acercamiento artístico a la realidad. Depende también de la intención del artista, de su trabajo intelectual y de su imaginación que finalmente pueden llegar a mover al observador siempre y cuando se muestre libre y abierto. La instalación de cuadros “To the People of Berlin”, por otro lado, se compone solamente de pequeños cuadros hechos de tela que consisten de planos rojos y blancos transcendiendo la experiencia del paisaje a nuevas esferas.

Algo muy especial presenta la serie de tapices llamada “Tejiendo Palermos”. Eso es un debate lleno de humor con su colega artista alemán cuyos cuadros Mónica Luza está transponiendo a una forma de arte que es típico para la región andina. Este arte de textil tal vez nos podría parecer decorativo; se suele llamarlo artesanía en el concepto occidental de arte. Pero tienen calidades comunicativas estéticas porque nacen en un arte con raíces colectivas, creadas en tiempos antes de la escritura. Igualmente los cuadros de Blinky Palermo son más que puros juegos de formas y colores. Todo depende del contexto. La imaginación de Mónica Luza crea representaciones artísticas que juntan elementos aparentemente incompatibles así echando luz a fuentes con diferentes estéticas. Y se muestra que los extremos no se alejan tanto. Se ve que los lenguajes visuales modernos contienen elementos arcaicos y se ve que las culturas antiguas siguen vigentes, acá como allá, visto de cualquier dirección.

Michael Nungesser
Berlin, August 2010

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